DEBORA

Es apasionante pensar en los hombres que llevamos en el cuerpo. Las lomas y hendiduras que llevamos en nuestros huecos, las manos pegadas en los senos, los labios atrapando la cintura. Y todos ellos duermen con nosotras mientras somos todos cómplices del sueño. Y nuevos cuerpos van sumándose a nuestro cuerpo cada vez que conocemos a alguien. Entonces esa reunión íntima grupal se deshace en caricias reflotando tantas manos como no somos capaces de imaginar. Nuestro sexo tantas veces prestado, nuestro corazón vaya a saber en qué manos. Pero ya lo dijimos…para todo hay sub-versiones, versiones que laten debajo de la oficial planteando nuevos universos, nuevos cuerpos, nuevos contactos. Hoy después de tanto cuerpo nos tocamos distinto, la soledad nos lleva los dedos a un teclado donde aparecen príncipes azules, almas perdidas, hombres caritativos y perversos de todos los géneros. Me pregunto: no sería más placentero encontrarse cara a cara a compartir una soledad pasando un mouse por la piel? Débora ya no sabe qué siente, creo que está cansada de buscar el milagro donde un hombre y una mujer se vean más bellos el uno en el otro como decía Gelman…debe pensar que al final de cuentas, los hombres pasan y los amigos quedan.




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