LA ENFERMERA

A veces, como decíamos, cuatro ojos ven más que dos…no es una regla fija. Cuando un hombre y una mujer se encuentran todo puede pasar: un camino plácido por la noche citadina o un infernal tornado que hecha a volar pedazos y pedazos de relación que se tornan una espiral donde cuesta respirar.
Iglesias y mendigos, todos sobre la calle. Ciudad de pecadores y cruces. Tiempos alterados, cabezas con el minutero atrasado. Por qué este amor y no otro. La distancia se yergue como revelación, mensaje, misterio, soberbia. Se ríe de nosotros.
Química de pieles que se desencuentran o se penetran como animales sin cueva, como desvalidos hijos de las sombras y el instinto, como cachorros hambrientos de algo conocido. Por qué uno se acostumbra a un cuerpo. El reemplazo de los cuerpos es como un zapping orgánico. Coito de ideas sin frase, de mensajes sin congruencia ni contenido. Las hormonas se jactan por la calle de su placer sencillo. Egoísmos que se entrelazan, inseguridades que se apoyan y sustentan con los errores del otro. Fantasmagórica aventura de creer y querer compartir el querer poseer. Dependencia que nos denuncia y nos acaba los juegos, la sorpresa, obsesiones que se fijan en la mente como desquicios de una existencia incomprendida. De un lugar en el mundo demasiado grande para encajar el trasero y demasiado pequeño para recostar la cabeza.
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